Grandes olvidados 2: Condemned: Criminal Origins

¿Alguna vez quisiste saber lo que siente un investigador criminal en un videojuego?

Tu deseo pudo verse cumplido hace 16 años con un título que se salía de lo habitual: un shooter en primera persona en el que disparar era casi anecdótico.

 

Acompáñanos en este viaje a los rincones más viles de la mente y el comportamiento humano.

Monolith Productions, estudio que dio vida a Blood, Aliens vs. Predator 2, F.E.A.R. y más recientemente a La Tierra Media: Sombras de Mordor/Guerra, publicó junto con SEGA un juego atípico en aquellos tiempos.

Condemned: Criminal Origins nos ponía en la piel de Ethan Thomas, miembro del SCU (Serial Crimes Unit) del F.B.I. con un gran instinto. En una rutinaria investigación, el asesino al que buscamos consigue hacerse con nuestra arma y mata a dos oficiales; se nos culpa por ello, y pasamos a ser perseguidos por nuestra organización mientras intentamos esclarecer qué está ocurriendo.

Mientras tanto, la gente de la ciudad se ha vuelto completamente loca, violenta y sin escrúpulos; despojados de toda humanidad.

Pero no sólo eso, sino que también tendremos que lidiar con fuerzas sobrenaturales.

Nuestro recorrido nos llevará por callejones y barrios bajos, lúgubres estaciones de metro, centros comerciales abandonados… Por supuesto siempre de noche

Thomas no está solo. Por un lado tenemos a su compañera, Rosa, quien le ayudrá en las investigaciones. Por el otro, un misterioso personaje llamado Malcom Vanhorn que parece saber más de lo que dice.

Para ir desentrañando el misterio, el protagonista cuenta con varias herramientas forenses como luz ultravioleta, escáner digital, cámara fotográfica… Y gracias a la gran capacidad instintiva de nuestro personaje, el juego nos avisa cuando hay pruebas cerca.

Pero no sólo usamos estas herramientas durante nuestro viaje. Mientras investigamos por los diferentes escenarios, debemos lidiar con drogadictos, bandidos y demás escoria enloquecida.

Para ello, el juego nos presentó un curioso sistema de combate al que comúnmente se le llamaba: simulador de lucha con barra. Esto significaba que podíamos usar prácticamente cualquier cosa del entorno como arma: tuberías, barras de hierro forjado, percheros, tablones y hasta mazos o hachas de incendios.

También había armas de fuego como pistolas, escopetas y rifles, pero eran escasas y únicamente disponíamos de la munición que llevaran en su cargador.

No obstante, el combate cuerpo a cuerpo era la tónica habitual. El sistema se basaba en un sencillo golpear-cubrirse, pero era de tal crudeza, que hasta llegábamos a ver los dientes de nuestros contrincantes saltando por los aires con cada golpe.

A medida que avanzábamos en la “aventura”, el título iba ganando tonos más oscuros y perturbadores, por lo que no podríamos catalogarlo como un fps sin más. Era un thriller psicológico al estilo de películas como Seven o Resurrection en perspectiva subjetiva, que llegó a donde otros no llegaron.

Tuvo una segunda parte, Condemned 2: Bloodshot en 2008; más perturbador si cabe. Además de profundizar en la historia del protagonista (un Ethan Thomas alcohólico totalmente venido a menos), refinó el combate añadiendo la lucha con puños y piernas junto con un sistema de combos y unos curiosos “jefes finales”.

Condemned: Criminal Origins fue lanzado en 2005 para PC y Xbox 360 y hoy en día todavía se puede jugar en ordenadores y en Xbox One/Series gracias a la retrocompatibilidad.

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Redactor / La voz

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